sábado, 21 de diciembre de 2013

Crónicas del CEFPFIST: Desde la URSS con pavor; Acto 8

Del pozo que había quedado al abrirse la tramilla surgía una luz que probablemente iría conectada a algún resorte que se accionaba al abrir la trampilla. Fülop empezó a bajar pozo abajo. 3D se asomó: había un un espacio de unos tres metros de alto que bajaba a una sala, el cual se superaba bajando una curiosa escala metálica, con los peldaños intercalados. Era bastante cómoda de bajar. La sala era un espacio desnudo con la excepción de un par de sencillas lámparas de techo que la iluminaban. Al fondo había una puerta metálica. Fülop la abrió sin más e indicó a Zel que lo siguiera. Bajaron dos tramos de escaleras de lo que parecía mármol bien pulido.

"Ya podemos hablar, aquí no hay ojos ni orejas que molesten. Ahora, prepárate para ver la joya de nuestra corona, Saras"

Fülop abrió un portón doble enrejado que había sido tapado con unas planchas metálicas. Al abrirse la puerta, empezaron a encenderse una tras otra una serie de elegantes arañas, dejando a la vista un corredor de unos 200 metro de longitud, decorado con un gusto exquisito: por todas partes había mármoles de diversos colores, relieves, grupos escultóricos, columnas e incluso un bonito mural abstracto, un poco afectado por la humedad pero aún muy visible pintado al fresco en un estilo próximo al vanguardismo de los años 20. Zelgadis se quedó sin habla. Parecía el metro de Moscú que tanto le impresionó en su adolescencia, cuando iba a la capital soviética a jugar torneos de verano, pero sin la espectacularidad de estos. A su vez, el túnel se bifurcaba una y otra vez en distintas direcciones.

"¿Impresionado?"

"Sí, de todo corazón. qué lugar es este, Fülop? Y qué frío que hace aquí..."

"Esto es nuestro Centro de Espionaje Directo, que lleva en construcción constante desde la fundación del CEFPIFST", dijo Fülop orgulloso "Se construyó durante la belle époque, cuando los ricos y los poderosos iban a los balnearios de por aquí. Debía ser una galería comercial subterránea de esas que eran moda en la época, con espacio para unos 50 comercios de lujo, pero la Gran Depresión acabó con el proyecto antes de que se abriera al público. Como ves, de cada espacio comercial ahora sale un túnel. Tenemos una red que nos permite acceder a diversos sitios de la ciudad, desde embajadas hasta servicios para nuestros agentes. Por aquí, por favor".

Se dirogieron al Local I, cerrado por una persiana metálica. Fülop abrió una caja fuerte incrustada en una columna próxima y sacó una llave. La usó en la persiana y abrió. Dentro había diversos coches sencillos. y pequeños.

"Sé lo que piensas. No te voy a decir cómo los bajamos aquí abajo. Cogeremos ese VW Escarabajo, ¿Te parece?"

Aún flipando con lo que veía, Zelgadis casi no se dio cuenta de que ya estaban viajando. El coche se metió por el local XVI y enfiló un largo túnel sin asfaltar, simplemente con un suelo de gravilla. Había poca luz, por lo que Fülop tuvo que poner las largas. Los túneles eran estrechos, pero se podía conducir bien por ellos. Era como ir en un Metro en miniatura. Unos 10 minutos después, llegaban a su destino.

"Hemos llegado, galopín. Arriba y fuera esa carita de alelao"

Ante ellos habia una sala parecida a la primera que habían visitado, con su puerta al fondo. Fülop sacó una llave de un pequeño armario y abrió.

Estaban en un zulo estrecho , iluminado con un fluorescente. Unas pocas sillas fijadas al suelo eran la única comodidad que había. Ante las sillas, una centralita bastante grande con varios monitores, teléfonos, un ordenador Bull Micral compacto y mucho cableado colocado casi a desgana. La habitación era ún más fría que la galería y un fuerte olor a humedad dominaba la sala. Fülop explicaba el funcionamiento del zulo.

"Aprovechando unas supuestas obras en las cloacas, colamos a un par de especialistas de la Sección W e instalaron cámaras en las Embajadas de la URSS, EE.UU., China, Cuba y Corea del Norte, nuestros rivales. De momento parece que no han logrado detectar ninguna; no llevan micrófono y el circuito cerrado está codificado de manera que desvía los dispositivos de detección. Solo un informático de primera podría deshacer esto, y todos están en Moscú... Después montaron estas salas de control. Cada una de ellas en tan solo 18 horas de trabajo..."  

Mientras decía esto, Fülop había pulsado una serie de botones y los monitores se encendieron. Una serie de imágenes en blanco y negro de interiores aparecieron. Fülop indicó a Zel que tomara asiento.

"Estamos a 15 metros bajo la embajada de la URSS. La sala está insonorizada y, repito, estoy seguro de que no pueden detectarnos. Vamos a echar una ojeada por aquí.

En la mayor parte de los monitores se veía a personal trabajando, nada especial. Con unos botones Fülop cambiaba de cámara en los diversos circuitos cerrados. De prontó, se fijó en las imágenes de una sala de reuniones donde parecía que había una animada discusión.

Fülop observó por el monitor las evoluciones de lo que pasaba en la sala:

"A ver, sí, lo de siempre. Sala vacía de decoraciones, ambiente viciado. La vieja mesa rectangular y el viejo General Penko abroncando al pobre Cosmin Romescu. Es uno de los mercenarios que tiene por aquí el KGB. Mira, ahora lo verás de perfil"

Zelgadis vio a un hombre medio calvo, en mangas de camisa, con gafas de concha y un bigote descuidado. Ante él, sobre la mesa, había una boina. Era inconfundible.

"¡Es el que estaba de copiloto en el Lada cuando me seguían desde el aeropuerto!"

"Más que seguro: esencialmente su misión es seguir como una lapa a agentes extranjeros. Raramente usa las armas, es más hábil espiando que en acción. Pero vigila con él: es bastante audaz. Mira, ahora se giran, parece que va a entrar alguien... No puedo verle la cabeza desde este ángulo... Si fuera... Sí, va a senarse al lado de Romescu y... ¡El Dios que lo parió!¡DIMITAR VITOSHEV!"
 
Tras soltar blasfemia y nombre, Zelgadis observó que Fülöp se ponía rojo como un pepino, sudaba y respiraba entre dientes. Los apretó tanto que su pipa (¡Albricias!) se rompió. En  pantalla salía un hombre flaco, perfectamente afeitado y bien vestido. Era maduro pero bien parecido. Llevaba gafas y una perilla. De su boca asomaba una boquilla en la que se aguantaba un cigarrillo que no echaba humo. Debía ser de esos de plástico.

"¿Vitoshev?¡Ese era de los nuestros! El que se pasó al KGB y vendió a nuestro durmiente en Sofía, ¿no? "

"El mismo. Trabajábamos juntos. No es que fuéramos amigos, pero teníamos una buena relación profesional. ¡Cuántas cosas no debí chivar a este hijo de puta sin saber que era un agente doble!"

"Aún recuerdo la foto como quedó el cadáver del durmiente atravesado en esa valla de un parque público; está en el archivo. A veces voy a rezar al Panteón de Agentes Caídos y ver el nombre de nuestro hombre en Sofía me hacía pensar en cómo sería ese traidor"

"Pues lo tienes delante. Era nuestro mejor ejecutor, pero tenía un problema de ludopatía y se vendió al mejor postor para seguir apostando a los caballos... Aún recuerdo cuando le ganó a un mayoral una yegua campeona llamada Rainbow Dash,...Por cierto, un nombre muy tontillo, como de dibujos animados, ¿no?"

La mirada malhuorada de Zel hizo volver a Fülop a la realidad

"... Bueno. Creo que ya tengo al que ha intentado matarme esta madrugada. El plan A queda anulado. Esto ya no son unas vacaciones, Saras, es una guerra."

"Y el plan B consiste en..."

"Sacar a la chica del país quemándolo todo a nuestro paso, simple y llanamente. La finalidad justifica los medios aquí. Y olvídate del avión: buscaremos otro transporte" 

Zelgadis sintió que la sangre le hervía. ¡Al fin un poco de violencia y menos mariconadas!.

De pronto, una figura menuda entró en la sala. Era ella. La Selidova. No fue necesario que Fülöp dijera nada. Desde ese punto de vista y en blanco y negro se la seguía viendo guapa. Iba con una camisa y una sencilla falda, como caualquier administrativa. Viéndola bien, observó que llevaba unas finas gafas, pero no le quitaban para nada su atractivo. Dejó unos papeles ante Vitoshev y se fue. Este fue el primer contacto visual entre Sarunas y Amelya.

2 comentarios:

  1. Me pregunto cuánto me habré spoileado de la novela. Voy por cuando Rosa Klebb y Tatiana Romanova se reúnen por primera vez.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que te haya gustado el semi-cameo equino

      Eliminar