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lunes, 23 de diciembre de 2013

Libros, libritos, libracos y cine: Sin novedad en el frente (Erich Maria Remarque/Lewis Milestone)


Hasta 1929, Erich Maria Remarque, alemán de raíces francesas, era un periodista deportivo mediocre que se había dedicado a todo tipo de trabajos. Veterano de la I Guerra  Mundial, a sus 31 años, como muchos jóvenes que habían sobrevivido a la guerra - en su caso particular fue licenciado tras sufrir varias heridas de metralla en combate, en Bélgica - tenía problemas para encontrar su sitio en la nueva Alemania de Weimar: fue maestro de escuela (trabajo que detestó siempre), bibliotecario, hombre de negocios, editor y escritor de manuales para la empresa de neumáticos Continental.

En 1927, el periódico deportivo donde redactaba sus crónicas le público por entregas una novela, y en 1929, otro periódico, el Vossische Zeitung, le publicó, también por entregas, Sin novedad en el frente, una crónica de la I G.M. Al publicarse como novela, tuvo un éxito inmadiato: en solo 18 meses era un bestseller mundial, vendiendo solo durante ese tiempo 2.500.000 copias (1.500.000 en Alemania) y traduciéndose a 22 idiomas. Para la época era un fenómeno de masas.



Esta anti-epopeya sobre las andanzas de un grupo de jóvenes oficiales alemanes en el Frente del Este (aproximadamente el actual Benelux) agitó conciencias. Las batallas no se narran de manera vívida y apasionante, sino de manera amarga, escabrosa y real. Es la historia de unos perdedores por culpa de la corrupción del poder. Remarque no guerda nada en el tintero: momentos de terror con descripciones muy precisas todo el, digamos, snuff y gore - espero se me permita la licencia de usar estos términos tan superficiales al ser una obra literaria - que provoca la guerra, de 'slice of life', de risas y lloros, de sexo... La prosa de Remarque es sencilla, coloquial, atrevida y directa, y nos acerca a la vida del soldado por vía de Paul Bäumer, un muchacho que se encuentra en el frente impelido por las diatribas patrióticas del profesor de su instituto y que ensguida se convierte en un joven "con los pies en el suelo". El resto de la tropa son compañeros del instituto y reservistas; gente que fue forzada a vivir entre trincheras casi por obligación y que tienen que resignarse a estar allí. A lo largo del libro, que es bastante breve, Bäumer va comprobando como la guerra le amarga la vida, nos cuenta cómo mató por primera vez, la pérdida de su virginidad o relata simplemente como es el día a día en una trinchera, sin seguir una línea argumental concreta.

El tono general del libro es pesimista y triste, y a ratos - a pesar de ciertas pinceladas humorísticas - se vuelve frío como una manera de mostrar cómo se van deshumanizando los personajes. A pesar de narrar en primera persona, Remarque no se decanta por ningún bando. Es un libro relativamente neutral que mantiene la tensión y el interés en todo momento. Una novela de esas casi perfectas, que lo tiene todo y bien comprimido.

Como posible gran defecto, el final parece precipitado, pero no sé si está buscado o no.

El éxito de la obra agitó conciencias, y se encontró con no pocos adversarios, entre ellos el ascendente Partido Nazi de Adolf Hitler y su siniestra camarilla. Rico de pronto, y más tras escribir la bastante exitosa secuela de Sin novedad en el frente, llamada aquí De regreso y de la que dicen es aún más virulenta que su antecesora, solo que en vez de la guerra carga contra la sociedad alemana, se trasladó a Suiza (y pretendía trasladarse después a Francia, pero la II G.M. lo frustró) mientras la adaptación a cargo de la Universal (de la también germana familia Laemmle) y del director Lewis Milestone de Sin novedad... cosechaba varios Oscars le daba más fama y fortuna, teniendo una destacada carrera desde entonces. Pero mientras tanto, en 1933, sus enemigos declarados, los nazis, subieron al poder, y Joseph Goebbels ilegalizó su obra y empezó a emperrarse en humillarlo de distintas formas: entre otras cosas hicieron correr el bulo de que Remarque al revés era Kramer, apellido judío (esto es más leyenda urbana que otra cosa, pero de esa gentuza se lo cree uno todo) y proclamó y creó falsos testimonios sobre que en realidad no estuvo en el frente. Sus libros ardían en las Kermesses. En 1938 le retiraron la ciudadanía alemana, y, temeroso de que la Gestapo fuera a por él, huyó a EE.UU., nacionalizándose en 1947. Respecto a los nazis, cabreados por habérsele escapado ese elemento indeseable, urdieron una terrible venganza: detuvieron a su hermana por los cargos que se le imputaban a él, la sometieron a juicio sumarísimo, la ejecutaron decapitándola y encima pasaron todos los costes del proceso penal (ejecución incluída), a la otra hermana de Remarque.

Durante y tras la II G.M. (en 1948 volvió a Suiza para quedarse y recuperó la nacionalidad alemana) Remarque siguió escribiendo novelas de tema social y dramático, tanto en inglés como en alemán, muchas de las cuales fueron adaptadas en Hollywood (como media docena). Escribió guiones de cine (bueno... Uno para una peli austríaca) y obras de teatro (bueno... Solo una, pero su éxito en Alemania fue tal que llegó a Broadway con decentes resultados) e incluso hizo sus pinitos como actor en una peli americana rodada en Alemania sobre una de sus obras. Se casó en terceras nupcias con la actriz Paulette Goddard, célebre pareja de Chaplin, que venía de divorciarse del entrañable Burgess Meredith. Falleció en Locarno en 1970, rico y muy reconocido, aunque sus novelas siempre han dejado entrever una gran amargura. Su vida fue tan triste como sus libros, si vamos a mirar. Y esto parece más una biografía que una reseña, dicho sea de paso Bueno, pasemos a la peli...

El versátil Lewis Milestone se enfrentó al desafío de realizar esta peli cuando el cine sonoro - si bien se encontraba ya bastante generalizado en tan solo 4 años - estaba en sus albores.



Milestone contó con un buen reparto, en el que sobresale Lew Ayres como Bäumer, que destaca por una actuación absolutamente bipolar en la que va de la alegría, la compasión y la camaradería a la puta locura, el instinto asesino y la frialdad en cuestión de segundos. No fue ni tan siquiera nominado al Oscar, pero fue el gran papel de sus 65 años de carrera, incluso habiendo sido nominado para el galardón en 1948. El papel lo marcó tanto que fue objetor de conciencia en la II G.M.
Desde mi punto de vista, y me ha sorprendido, Milestone hace especial hincapié en una galería de excéntricos personajes que aparecen en la novela. Hace que alguno que otro sobresalga aún más que en ésta.

Eso sí, hay que tener en cuenta que hablamos de 1931 y el estilo interpretativo de estas pelis está obsoleto. A veces son demasiado teatrales.

Otro de los principales méritos de esta adaptación se encuentra en el guion: la a veces anárquica narración original es estructurada y se nos presenta en forma lineal. Así, por ejemplo, la escena que se narra en las primeras páginas del libro no aparece hasta los 50 minutos. Y el resultado es excelente, comprendiendo prácticamente la novela entera con sus diálogos, sus momentos trágicos y ese cierto humor que la caracteriza. Incluso se incluye la parte de la pérdida de la virginidad de Bäumer. Otro apunte es que quizá sea la primera película bélica donde el diálogo prima sobre la acción. Hay montones de momentos donde se alcanza una intensidad tan grande en las escenas dramáticas como en las de batalla.

Al ser una película anterior al Código Hays, se permite algunas libertades en el tema de la violencia y en el argumento en general: para 1931, esta peli era una de las más crudas y violentas que se habían visto: las batallas son a cara de perro, sin bellas coreografias ni estilizaciones (menos por esa legendaria epifanía final, que en la novela era sucinta y que Milestone poetizó. Incluso la interpretó él mismo). Y como se ha dicho, se sugiere sexo. Se nota cierta voluntad documental durante toda la acción, logarada gracias a un competente equipo técnico.

Un detalle que personalmente me llama la atención es que esta peli tiene toda la pinta de haber sido pariodiada por Chaplin en el delirante-hilarante inicio de "El gran dictador". El ambiente de desolación es parecido y las actuaciones parecen una exageración de las de esta peli. Puntos extra para Chaplin... Y Milstone, pues es un tópico pero "la parodia es la forma más sincera de adulación".

Es una película a la altura de la novela: ni la supera ni está en absoluto por debajo.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Libros, libritos, libracos y cine: Lo que el viento se llevó, de Margaret Mitchell/Victor Fleming

Solo he hecho esta crítica tras ver que tres de mis cuatro críticos de cine favoritos la daban por obra maestra: Gene Siskel, Leonard Maltin y, sobretodo, Roger Ebert. También cuento que la revista Village Voice, ejemplo de lo más cercano a mi idea de cultura americana "de izquierdas" califica también este título de histórico y maravilloso.

En 1935, una nostálgica del Sur Profundo escribió el libro más leído del mundo tras la Biblia. Se llamaba Margaret Mitchell, era de Georgia y el libro era Lo que el viento se llevó, una muy bien escrita pero absolutamente manipulada visión de aquella civilización (sic) en que cuatro blanquitos vivían como rajás a costa del sacrificio de millones de esclavos negros que eran tratados peor que un kleenex usado. Y no exagero ni una miajita: precisamente, el libro, hasta el inicio de la II G.M., estaba recomendado en la Alemania nazi como ejemplo de como la raza superior de impone a la inferior (también es muy recomendado en Corea del Norte como ejemplo de funcionamiento de una sociedad capitalista).

Eran tiempos en que un esclavo era azotado por caerse al suelo o asesinado a sangre fría por decir "caramba". Eso es la realidad. Margaret Mitchell, de una familia aristocrática del Sur, vivió instalada en la mentira de los de su condición social: durante una estancia de estudios en Massachussets se creyó con el poder de poder amenazar al rector de una Universidad de largarse de allí si no la cambiaban de clase, ya que uno de sus compañeros era negro. El rector le contestó algo así como "ROLFMAO" y pasó de ella. Aunque en la novela no apoya abiertamente al KKK, a los que califica de idiotas que quieren eternizar la Guerra Civil, no condena sus actos terroristas: al contrario; son caballeros que quieren vengar una afrenta contra el honor de la señora O'Hara. Y que Rhett Butler matara a un negro de un tiro por insultarle es visto como una buena acción. Y se queda tan ancha la Sra. Mitchell, hoyja.

Resulta cuanto menos curioso el enorme resentimiento que sienten los americanos cuando pierden algo: si es el Vietnam se inventan todo tipo de pelis revanchistas para vengar su derrota. Y, debo reconocerlo, esas pelis de la Cannon o la Carolco en la Era Reagan están entre mis favoritas: ver a Stallone, Chuck Norris o Mike Dudikoff matando chinorris, comunistas y palestinos es divertido, ya que el buen espectador debe saber distinguir entre realidad y ficción. La Guerra Civil no es una excepción: a partir de la publicación de La cabaña del Tío Tom, de la abolicionista Harriet B. Stove los sureños inventaron un nuevo estilo de novela, la novela sureña, donde pintaban un sur bucólico donde los niggas vivían felices y comían perdices bajo el atento ojo del amito blanco que en cualquier momento podía decir "O, er povre Toviasz ze a rroto l'espalda, yo disparar nigga, eheu, eheu, pum, povresito komo sufria, pero era un nigga inutil, eheu, eheu", porque, claro, eran así de buenas personas. Lo que enseña Tarantino en Django desencadenado es bastante próximo a lo que la novelas sureñas en general y Lo que el viento se llevó en concreto idealizan (con el tiempo, la novela sureña se volvió menos manipuladora y se acercó al noir. Jim Thompson y su 1280 almas o la obra de Elmore Leonard - puro sureño, pero siempre en defensa de los derechos de las minorías, también adaptado por Tarantino en su día - son exponentes de la reinvención del subgénero).

Entre las virtudes de la novela romántico-histórica de Mitchell están su capacidad para crear dos personajes que se acercan a la sociopatía (no bromeo: en 1941 ya se publicó un estudio sobre el tema) y lograr que a algunos hasta les cayeran simpáticos: dos mentes perversas llamadas Scarlett O'Hara y Rhett Butler. Son dos aprovechados que destruirán cualquier cosa con tal de lograr sus fines, sobretodo la señá O'Hara, una Atila dispuesta a todo por ella, ella y solo ella. Son personajes con volumen, que evolucionan según avanza la novela. En comparación, el idealista Ashley Wilkes y la valiente Melanie Hamilton quedan muy ensombrecidos. Por otro lado, las narraciones de la Guerra Civil y la posguerra (que siempre es dura. Siempre. Pero si encima nos atenemos a las exageraciones de multimillonaria resentida de Mitchell...) si bien muy manipuladas y falseadas (los Yankees son sacados como unos malvados ladrones y violadores que destruyen cosechas y manipulan a "sus negros" para que, oh, el horror, tengan derecho a voto) son vívidas y muy interesantes. No bromeo cuando digo que de momento solo un autor ha logrado ponerme en el campo de batalla mejor de lo hace Mitchell: el historiador y militar británico Anthony Beevor.

Los defectos son muchos: la novela empieza bien pero va desgastando al lector con su barroquismo narrativo, que se vuelve incluso zafio cuando se trata de yanquis y negros; el asqueroso racismo, idealización de esa sociedad esclavista y la burda manipulación (o, dicho de otra manera, la forma en que Mitchell ve el mundo) hace que uno se sienta incluso sucio leyendo todo eso. Ni el Marqués de Sade ni Pasolini lograrían tanto, y Mitchell lo hace sin buscarlo. Fue criticada incluso en su época por racista, no digo más.

Así, en resumidas cuentas, obtenemos una novela épico-romántico-histórica interesante pero que refleja en exceso las muy erróneas ideas de su autora, y que a pesar de estar bellísimamente escrita y contar con un dúo protagonista psicológicamente muy logrado, cae víctima de ideas maniqueas y proto-nazis (ensalzamiento de la esclavitud, de la controvertida figura de las "mammies" y del esclavo acomodaticio que tan bien interpretó Samuel L. Jackson en su día, del asesinato de negros por causas que ahora no serían ni motivo para liarse a hostias si uno no quiere, deshumanización de los soldados de la Unión, crítica a los negros libres) que hacen que a ratos al lector actual le cause verdadera grima leer según que pasajes. Más racista e igual de barroca que el mismísimo Tolkien - por elegir a un autor con ideas parecidas - pero mucho menos entretenida y evocadora: es aún menos creíble esa Georgia, la finca-latifundio Tara y las Southern Belles y sus beaus que la Comarca, Hobbiton y los hobbits (Mammy ocuparía el papel de Tom Bombadil, y Lincoln como que sería Saruman. Ya se me está yendo la olla. Pasemos a la peli).


50.000 dólares dio el genial y ambicioso David O. Selznick a Margaret Mitchell para llevar al cine ese éxito editorial como productor independiente. Se la jugó, y el resultado fue una de las pelis que ha definido el Hollywood clásico, con un reparto genial, una brillante adaptación del guion, una factura técnica impecable... Y ese puñetero racismo que, aunque suavizado, sigue presente en la peli.

No hubiera hecho esta crítica de no ser porque uno de los máximos fans de esta película es el no hace mucho fallecido crítico Roger Ebert. Ebert fue siempre un hombre de ideas progresistas, un firme defensor de los derechos civiles y un fan de la cultura afroamericana. Su esposa era negra, y Ebert fue una pieza importante para encauzar la dura pero gloriosa carrera de su guapa novia en los 70, la periodista Oprah Winfrey. Si Ebert, que era un profesional y un progresista demostrado, no tenía ninguna vergüenza ni miedo en declararse fan de la peli, ¿para qué iba a negar yo que me ha gustado? Ya que así ha sido.

En la humilde opinión de este frikazo, la película Lo que el viento se llevó es un puto espectáculo que se come con guarnición la para nada mala pero muy criticable novela original. Dirección, interpretaciones, fotografía, FX (sí, FX), música... Es una glorificación del Séptimo Arte en si era más glamourosa... Aunque no exenta de algún defecto.

 Vivian Leigh está simplemente genial, es la clave para entender el éxito la película y logró un Oscar muy merecido. Su Scarlett transmite a la perfección la lenta evolución de ese personaje de eterna adolescente caprichosa y casi sociópata del libro a base de un impresionante catálogo de expresiones faciales y gestuales e inflexiones de voz, quizá demasiado teatrales para el espectador actual, pero siempre en su sitio. Por su cara se adivina que en ese alterado cerebro pasan muchas cosas. Logra con un solo gesto lo que el libro tarda párrafos en expresar. Leemos a través de ella. Y además es bella y elegantísima Una actuación maravillosa por parte de la actriz británica, con muchos paralelos a la que le reportaría su segunda estatuilla: la Blanche DuBois de Un tranvía llamado deseo (desgraciadamente, el perfil psicológico de estos personajes pasaría a ser el suyo propio en la vida real). Soberbia.

Tras meses de negarse, Clark Gable se vio casi obligado a hecer el papel de Rhett Butler tras un constante acoso por parte de Selznick y la necesidad de divorciarse. Igual que Leigh, Gable evoluciona de alegre rufián respondón y cínico a marido histérico, maltratador y casi psicótico debido a la influencia que Scarlett ejerce (sin quererlo, esta vez). Igual que Leigh, sabe estar siempre en su sitio. En la segunda parte de la peli, el gran galán hollywoodiense asusta de verdad. Aunque siempre odió este papel, está brillante.

Olivia de Havilland merecía haber competido con Leigh en el Oscar como actriz principal. Es uno de los papeles de su vida: la sensible y valiente Melanie tiene unos valores tan retrógrados como el resto de los personajes, pero es uno de los pocos que parece incluso buena persona. Pero - para alegría de De Havilland, que consideró que bien valía perder el Oscar por joder a Selznick - la palma en el reparto secundario femenino se la lleva Hattie McDaniel en el papel de Mammy: antes se la consideraba entrañable. Ahora resulta un poco incómodo verla así, pero, en el papel que le asignan, funciona a la perfección, dando empaque a un personaje que en el libro es muy plano. En la segunda parte de la peli tiene un diálogo impresionante con De Havilland donde expresa una pena y una desesperación tremendas al ver que lo que considera "su mundo" (ay, Señora Mitchell, qué daño hizo Vd.). Dejo a la opinión de cada uno si el hecho de que McDaniel ganara el Oscar por este tipo de papel fue realmente un revulsivo y un paso adelente para los intérpretes negros, pero si nos ceñimos al papel que le tocó hacer en ese contexto, lo mereció. Como lo pudo haber merecido Samuel L. Jackson con su excelsa parodia de ese tipo de personajes en Django desencadenado, pero no obtuvo recompensa, pues se lo comió la insuperable actuación de Christoph Waltz en la misma peli (Jackson se llevó igualmente un buen puñado de premios).

Leslie Howard me ha parecido un tanto decepcionante: siempre le forzaban a hacer el mismo tipo de papel (de hecho no quería hacer la película y creo que no quedó satisfecho con su actuación. Dijo que parecía "un portero de hotel de cuento de hadas"). Finalmente, destaca la presencia del excelente Thomas Mitchell, - que ganó el Oscar al mejor secundario el mismo año en que lo hizo esta peli, pero por su papel en "La Diligencia" de John Ford - como patriarca de los O'Hara.

En el aspecto técnico, cada uno de los varios directores que tuvo la peli aportó su estilo (Cukor, la dirección de intérpretes; Fleming la épica y así) y una sobresaliente edición lo cohesionó todo. El guion de Sidney Howard, re-adaptado en solo 5 días por Ben Hecht, comprime toda la novela en 4 horas sin omisiones excesivamente importantes. Eso sí, aunque suavizados, el racismo y la idealización de la sociedad esclavista siguen allí. La banda sonora de Max Steiner se considera como la segunda mejor de la Historia del Cine. Para qué decir más. La fotografía a cargo de Ernest Haller - y Lee Garmes, que no se olvide - hace un uso magistral del Technicolor de tres colores. Otra clave para entender el éxito la peli son los FX y los diseños: las más de 100 pinturas matte de Jack Cosgrove y su equipo dan una opulencia a la peli y a base de planos trucados crean un mundo ilusorio mucho antes de la época digital. Con los años y viendo la peli en HD, se ve el gran resultado. El diseñador y director William Cameron Menzies - que llegó a dirigir alguna que otra escena, entre ellas el mítico incendio de Atlanta - aporta un suntuoso diseño de producción. Está bien claro que Selznick buscó conscientemente y en todo momento una idealización 100 % mitológica. Todo aquello, como he sñalado sobre la novela, solo que el productor era consciente de lo que hacía y Mitchell no, simplemente, no puede existir.

¿Defectos? A parte de que puede haber envejecido mal para muchos espectadores - el tema de la duración no es problema: esta peli se digiere con mucha facilidad - el gran defecto que le encuentro a esta peli es que según las ideas que tenga uno, es muy posible que logre el mismo efecto de la novela: que casi jaleemos las desgracias que le pasan a esos ricachones. Nunca he sido fan de Spike Lee, y es una persona que me cae fatal, pero logró hacerme llorar como una magdalena con el asesinato de Radio Raheem a manos de la policía en Haz lo que debas. Aquí no me pasa con la muerte de ciertos personajes. Solo el mentado monólogo de Hattie McDaniel logra ponerme algo tristón, pero es su interpretación y la de De Havilland que logran eso, no la pena por lo que le pase a la condená de la Scarlett esa y a su marido maltratador. No es culpa ni de Leigh ni de Gable, por supuesto: es de Margaret Mitchell. El problema que tengo con esta peli está en la fuente de la que bebe, pero sin embargo, y lo digo bien claro, sigue siendo una obra maestra del cine, un hito técnico y quizá la peli que define mejor el concepto "Hollywood clásico". Solo es que no es inmune a ser criticada. Ni esta ni ninguna otra peli.

 Ya que estamos, me apasiona el blaxplotation, y por ello anuncio que habrá una serie de 5 artículos dedicados a 5 pelis para iniciarse en el subgénero (y a sus estupendas bandas sonoras): Sweet Sweetback Badass Song, Superfly y la trilogía Shaft. Más una con libro: Cotton Comes To Harlem.

Y aquí os dejo con la mítica parodia de la peli que hizo el Carol Burnett Show en 1976:




miércoles, 26 de diciembre de 2012

Libros, libritos, libracos y cine: El perro de los Baskerville

Esta vez he decidido hacer un ligero cambio en esta sección: voy a combinar crítica literaria y cinematográfica reseñando un famosísimo libro y tres de sus versiones para la pantalla, cada una hecha por un miembro de la Satnísmima Trinidad de los Sherlock Holmes: Basil Rathborne, Peter Cushing y Jeremy Brett.

EL LIBRO:



En 1901, el polifacético Arthur Conan Doyle (escritor, periodista, médico y futbolista,  portero, concretamente)  intentaba  desviar la atención de los lectores hacia su autoproclamada obra maestra: La compañía blanca (1891, re-editado recientemente por la Ed. Valdemar), una de varias novelas históricas realizadas en homenaje a su ídolo Walter Scott, promocionándola sin parar. Pero éstos no le perdonaban que hubiera matado a Sherlock Holmes en El problema final y llevaban casi una década diciéndole el nombre del perro. Quizá por ello (¡La he colado! La he colado!) decidió tirarles carnaza sin dejar de hacer algo distinto, y junto a Bertram Fletcher Robinson (una leyenda urbana dice que él escribió de hecho la novela como negro, y que Conan Doyle lo mandó asesinar en 1907 cuando empezó a reclamar sus derechos), periodista y estrella del rugby, concibió una historia gótica al estilo de las de Bram Stoker... Solo que protagonizada por Sherlock Holmes y el Dr. Watson.

Situada cronológicamente bastante antes de El problema final, al contrario que un cuento, esta vez Doyle y Robinson concibieron una novela que se publicó en entregas. El éxito fue enorme, y en lugar de aplacar el clamor popular pro-holmesiano (entre cuyos líderes se encontraba la propia madre de Doyle), lo aumentó hasta el punto de que un año y medio después, Holmes resultó haber sobrevivido al final del problema y en 1903 volvió a la acción para no parar hasta 1927 - aunque a nivel cronológico, su última aventura es otra novela distinta: Su último saludo en el escenario (1914), que trata de espionaje más que de misterio, y al final de la cual SPOILER unos amargados Holmes y Watson se retiran a vivir a una granja viendo que su trabajo no servirá para evitar el estallido de la I G.M., lo que, ovbiamente, hace que Holmes desaparezca de la vida pública, pero no quede en paz consigo mismo).

El argumento es de sobras conocido: El multimillonario y filántropo Sir Charles Baskerville, querido por todos por sus obras de caridad, ha muerto de un ataque cardíaco. Lo que nadie salvo su amigo el Dr. Mortimer sabe es que su muerte se debió a un aparente fenómeno  paranormal. Un monstruoso perro fantasma salido del horrible pasado de la familia podría haberlo matado de puro terror... Holmes deberá proteger al heredero Baskerville, Sir Henry, de esta extraña amenaza. Pero por algún motivo Holmes envía a Watson - verdadero protagonista de la novela - a los páramos donde habitan los Baskerville como avanzadilla, mientras él se queda en Londres.¿Se habrá rajado el gran detective ante tal expediente X? Encima, resulta que hay un psicópata suelto por esa zona y ese lugar está más lleno de frikis que Ibiza el día en que se quemó el campo de maría de S'Oncle Helmut es Pilós.

Respecto a Conan Doyle, personalmente soy más fan de su obra de ci-fi. Las aventuras del profesor Challenger, escritas en una etapa de su vida en que empezó a abrazar ideas místicas, son un vicio. Sin embargo, es innegable que algunas aventuras de Sherlock Holmes son interesantísimas pese a que las encuentro irregulares (hay tantas...). Especialmente destacables en mi opinión son Un escándalo en Bohemia y La casa vacía (la aventura de regreso de Holmes, con bastante humor y una escena de artes marciales, que siempre mola).

Sin embargo, esta es quizá la más conocida de todas, y es por el logrado ambiente de terror que crearon Doyle y Robinson, respetando en todo momento el espíritu de las aventuras del detective al mismo tiempo. Aunque esté anticuada, se lee mucho más rápido que la mayoría de relatos del cánon holmesianio, cosa que la convierte en la obra ideal para iniciarse en las aventuras del detective (recomiendo encarecidamente al lector actual que para iniciarse en Conan Doyle empiece por la saga de Challenger, más adecuada en todos los aspectos: modernidad, aventuras, acción rápida y un protagonista muy carismático al igual que Holmes). Aunque uno se sepa el argumento de memoria, vale la pena ver la habilidad del autor por mantenernos con la nariz pegada al papel. En mi opinión, al margen de la ambientación gótica, terrorífica y más oscura que el cerebro del Sr. Díaz Ferrán el secreto del éxito es que la novela está protagonizada por Watson, al que más de un director de cine y televisión ha sacado como bufón cómico cuando siempre ha sido un tipo serio, realista - si bien bastante facha - lleno de recursos y además un formidable luchador (experto en defensa personal).  Así pues, no tenemos al carismático pero a veces demasiado eficiente Gary Stu de Holmes asomando su enorme napia por todos lados, sino un protagonista próximo al lector, que comparte con él sus miedos y dudas, y que demuestra una notable habilidad como investigador por su cuenta.

No dudo en recomendarla, sobretodo si jamás habéis leído un Holmes genuino (nada de apócrifos). Si os ponéis a leer una de las historias cortas más de polis y serenos, igual os aburriréis. Que la mítica serie de Miyazaki es una versión hiperacelerada del mito (¡Queremos que Miyazaki vuelva a las pelis de acción y aventura como Porco Rosso o sus adaptaciones del mundo de Terramar y se deje de experimentos místicos (aunque excelentes en su inmensa mayoría, cabe decir)!).

TRIVIA: He leído la novela imaginando que los personajes son los creados por Miyazaki. Cánidos contra cánidos y el torpe y divertido Lestrade de la serie en plan serio. Ha sido divertido.

Esta novela ha sido adaptada decenas de veces al cine y a la televisión, pero hay tres versiones (en realidad cuatro, pero no he sido capaz de localizar la más antigua) que constituyen las más importantes, pues están protagonizadas por los tres actores que históricamente más se han identificado con el detective inglés.

VERSIÓN DE 1939 [Estas críticas también las he puesto en Abandomoviez]


 He aquí el debut como Sherlock Holmes del ya muy establecido como estrella Basil Rathborne. A pesar de que no recibe el crédito principal (que corresponde a la pareja romántica), es el protagonista indiscutible de la película, haciendo una brillante actuación - especialmente cuando se pone disfraces, mostrando su poco conocida pero considerable vertiente cómica. Contrástese su entusiasmo aquí con el progresivo cansancio que mostrará lo largo de la serie - junto a ese epic fail de Watson llamado Nigel Bruce, responsable directo de que mucha gente tome a Watson por el típico ayudante idiota. En esa época parece que gustaba mucho (Rathborne decía que le encantaba… Claro que Rathborne y Bruce ya eran amigos íntimos en la vida real mucho antes de empezar esta saga), pero desde luego el Sr. Bruce era un incordio, y va en sentido contrario al espíritu del personaje original, una especie de plasmación ficticia del mismo Arthur Conan Doyle, también médico y novelista. Sin embargo, debe apuntarse que aquí ofrece su actuación más digna y convincente, cosa afortunada, ya que pasa un buen tiempo solo y se supone que debe protagonizar un buen trecho sin Rathborne. Rompo la lanza: aquí Bruce al menos no llega a caer en ridículo como en pelis posteriores.

El guion y las interpretaciones son, en principio, fieles a la novela, con intérpretes secundarios de primera: Richard Greene (un Robin Hood inolvidable en la televisión británica) interpreta a un Sir Henry Baskerville de aspecto demasiado joven y pulcro, pero tan decidido como el de la novela; Wendy Barrie – que se convertiría en una gran experta en interpretar cine de misterio, policíaco y negro - es una elegante Beryl Stapelton. Greene y Barrie son muy competentes y logran que sus escenas románticas no sean un estorbo, gracias en gran parte a los buenos diálogos. Lionel Atwill es un Dr. Mortimer aficionado al ocultismo que tiene la misión de proteger al bueno de Sir Henry; la dulce anciana sevillana Beryl Mercer hace una típica actuación de médium, ni más ni menos. Morton Lowry es un Stapelton elegante y distinguido, John Carradine está a la altura como típico mayordomo sospechoso, aunque resulta demasiado joven (en la novela está cerca de la jubilación), y Eily Malyon está my bien como su sufrida esposa. El perro, llamado Blitzen (o ¨Chief¨ según la fuente que se consulte. Más sobre el tema en ¨curiosidades¨), es temible sin necesitar de caracterizaciones y hace verdaderas virguerías. Gran animal- actor.

Se nota que esta peli se hizo con mayor presupuesto y mimo que las otras de la serie Rathborne/Bruce, quizá con la intención de competir con el Monster Mash de la Universal (no en vano hay montones de intérpretes que aparecieron en el ciclo de terror de la productora de los Laemmle). El ambiente del páramo, combinando decorados con maquetas, está muy conseguido.

Con tan buena realización y cásting (salvo en el caso de Nigel Bruce, pero como he comentado eso se demostraría en el futuro, no en esta peli) y además con la brillante idea de suponer que el público ya conocía la novela, por lo que incorporaron alguna pequeña sorpresa, este producto constituye no solo la mejor película de la serie de Rathborne y Bruce, sino una de las mejores películas de Sherlock Holmes jamás realizadas.

VERSIÓN DE 1959


Ya habían sacado a Frankenstein (dos veces), a Drácula, y a Kharis de sus polvorientas tumbas. Ahora, bajo los auspicios de la Hammer, el trío formado por el director Terence Fisher, los actores Peter Cushing y Christopher Lee (el habitual Jimmy Sangster es sustituido por Peter Bryan en el guion) iban a mostrar su propia versión de Sherlock Holmes – en su primera adaptación en color - en su caso más macabro y gótico: “El Perro de los Baskerville”.

La originalidad de esta versión reside en que Fisher y Bryan potencian el elemento terrorífico por encima del detectivesco, cosa acorde con el material original. Pero ellos le añaden más sustos uy se toman algunas oportunas libertades que hacen de este filme una experiencia distinta a las anteriores versiones: el cambio principal está en Sir Henry Baskerville. Christopher Lee, en uno de sus primeros papeles importantes como personaje no malvado, ofrece su mejor actuación hasta la fecha tras la de Drácula. Es un Henry galante, distinguido y gallardo, sí, pero a mi juicio no ha habido un Sir Henry más próximo al espectador que éste: bajo su elegancia y distinción es un hombre normal como usté y yo, que teme por su vida, y con razón, pues van a por él de buenas a primeras. Ello no hace más que añadir tensión y miedo al argumento.

Peter Cushing debutaba como Holmes, y lo hizo tan bien que se convertiría a largo plazo en el sucesor de Rathborne para una nueva generación de espectadores, tanto en la pantalla grande como—sobretodo- en la pequeña. En contraste con su amigo Lee - del que hay que reconocer que fue también un buen Holmes cuando le tocó hacer el papel, aunque todos le recordemos más como Mycroft Holmes a las órdenes de Willy “Dios” Wilder -, Cushing es un Sherlock Holmes tan seguro de si mismo (creo que este tiene incluso más ego) y más reactivo. cínico y “hombre de acción” que el de Rathborne

Respecto al resto del reparto, el importante actor de carácter Andre Morell es un gran Watson:, serio, inteligentísimo y formal, que además se las arregla para caer bien; David Oxley es un Sir Hugo degenerado e hijo de mil madres; Francis de Wolff es un Dr Mortimer muy gruñón y extremadamente antipático pero físicamente hecho a la medida para el papel; el prestigioso John Le Mesurier interpreta a un mayordomo al estilo Karloff (y que ahora sí se llama Barrymore y tiene la edad que se le supone en la novela); el veterano Miles Malleson interpreta a un simpático, cachondo y borrachín cura (un obispo, para ser exactos) con más jeta que espalda que da el contrapunto cómico a la acción, como es típico en la Hammer; el neozelandés Ewen Solon es un Stapelton muy huraño. La bellísima modelo italiana Marla Landi, que hizo carrera en Inglaterra, es su adorable y misteriosa esposa española.

La adaptación se toma tantas libertades que realmente parece otro relato que simplemente sigue las premisas básicas de la novela de Conan Doyle (hay incluso sugerencias de ritos satánicos), lo que no tiene por qué ser, malo si se hace bien. Y se hace bien. Como se ha dicho antes, potencia la parte macabra del asunto, logrando una ambientación ominosa y opresiva, en parte gracias que los sets son bastante perqueños (los Estudios Bray no daban para más) y a un sabio uso del color. Los exteriores usados para las escenas diurnas en el parámo son francamente bonitos.

Sin duda, una peli que ocupa merecidamente su puesto entre las más grandes e inolvidables películas de la Hammer.

VERSIÓN DE 1988


Adaptación televisiva del relato con el ya mítico Jeremy Brett – para muchos el mejor Holmes que ha habido, por su presencia, apostura, maneras e impresionante voz – en el papel del detective de 221 B de Baker Street, siempre junto al destacado actor de reparto Edward Hardwicke como un gran Watson.

Granada TV se caracterizó por su mimo a la hora de adaptar los relatos de Holmes en una serie de telefilmes, y este no es una excepción: es extremadamente fiel a la novela, llegando incluso basarse en las ilustraciones de la primera edición de la novela para montar algunas escenas; su plasmación casi intacta en 625 líneas PAL, sin dejarse un solo detalle (lo que tiene el problema de limitar el elemento sorpresa para el que haya leído la novela, pero es de todos modos un esfuerzo admirable).

Todos los escenarios han sido elegidos con ciudado y el cásting es excelente. La mayoría de intérpretes no son conocidos pero aparecen en pequeños papeles en varias pelis conocidas.

Brillante producto.


Y esto es todo por hoy, señores.








lunes, 12 de noviembre de 2012

Libros, libritos y libracos: El Kalevala, de Elias Lönnrot

Väinamöinen, Ilmarinen y Lemminkainen luchando contra la bruja Louhi (convertida en quimera) por otro puto MacGuffin


Muchos fans de Tolkien se preguntan de dónde salieron las ideas para su Ciclo de la Tierra Media, al igual que los fans de Moorcock se preguntan exactamente lo mismo, y suma y sigue. Pues bien, este poema épico compuesto en 1835 y ampliado en 1849 puede ser una de sus principales fuentes, ya que tiene una misma base: el uso de las aventuras mágicas de las sagas nórdicas en combinación con cierto adoctrinamiento cristianizante.

Elias Lönrot (Sammatti, 1802-1884) era un médico finlandés que se pasó a las ciencias tras ver que sus anteriores estudios de Humanidades no servían para sacarlo de la pobreza. Casi autodidacta, llegó a la Universidad de Turku en pleno Romanticismo, con el nacionalismo finlandés en la cúspide tras haber sido conquistados por Rusia casi sin violencia en 1809, aprovechando la retirada de Napoleón y que el ejército finés se encontraba en guerra con Suecia, convirtiéndose en una especie de Estado libre asociado al estilo de Puerto Rico.
Lönrot recorrió Finlandia, Laponia y Carelia en busca de cuentos populares, que fue recogiendo de aldeanos y campesinos, y se trasladó a Helsinki. Tanto era su interés por la cultura tradicional que su tesis doctoral como médico trató de los remedios mágicos y la medicina tradicional en la historia de Finlandia (y parece que le dieron buena nota). Allí, el mundo de la cultura bullía como nunca. La política liberal adoptada por el Zar de Rusia hizo que los finlandeses abandonaran el uso de la opresora lengua sueca - que llevaba 700 años siendo impuesta - para centrarse en su propia lengua, lo que alimentó como nunca el sentimiento nacional y el orgullo de ser finés. Ni sueco ni ruso. Solo finés.
Lönrot fue nombrado secretario de la Sociedad Literaria Finladesa, por lo que pude seguir con sus viajes, esta vez pagado por gente que compartía sus ideas e intereses. En 1849, como se ha dicho, recogió lo que había aprendido y lo volcó en 50 cantos, que lograron un gran éxito tanto en Finlandia como en Rusia. A los rusos no pareció importarles que se les dejara a parir en la obra.
Pintores e ilustradores de prestigio empezaron a hacer ilustraciones inspiradas en el fascinante mundo del Kalevala y sus personajes Se considera a esta obra una de las inspiraciones que llevaron a la independencia de Finlandia en 1917, tras la inmediata aceptación de la Declaración por parte de la recién formada URSS (ello costaría una Guerra Civil rusa en miniatura, con los finlandeses "blancos" y los finlandeses "rojos" en liza por hacerse con el control del nuevo país).

El Kalevala es a grandes rasgos la complilación de las andanzas mágicas de viejos héroes finlandeses: el bardo Väinamöinen, sabio mago que con el poder de su poesía, música, hechizos y buenas dotes con la espada salva casi todas las situaciones; su hermano pequeño Ilmarinen, herrero capaz de realizar armas mágicas, robots (sí, robots) y el milagroso y misterioso Sampo, un ingenio que hace que la felicidad llegue allá donde esté y del que nunca se ha podido determinar el aspecto por muchas leyendas que haya sobre él. El Sampo es el MacGuffin de la obra, equivalente al Santo Grial artúrico o al Anillo Único tolkiano.

Otroe héroes son el joven, descerebrado, gamberro, cachondo, mujeriego y brillantísimo guerrero, mago y poeta Lemminkäinen. Es el que nos ofrece los episodios con más acción del libro. Su madre es una gran hechicera, que le devuelve la vida tras ser descuartizado... solo para que se vaya a buscar más y mayores aventuras; Kullervo, el héroe trágico que inspiró Hamlet; la villana Louhi, gran bruja y granjera o la heroína Marjatta, que no es otra que la Virgen María, concebida por una baya, mezclada en un mundo de dioses paganos y héroes mágicos (a destacar que al contrario que en la Biblia, Marjatta es repudiada por todos los personajes y llamada literalmente "puta", y a su hijo lo llaman también "hijo de puta", su triunfo final causa un desenlace muy, muy parecido al del Señor de los anillos).

El Kalevala (que significa Tierra de héroes) es un libro que me ha dejado un poco frío (no es un chiste). Empieza muy bien, con mucha magia, aventuras, acción y violencia y uno se devora medio libro en dos días, pero la repetición de formas, recursos y diálogos, correcta en la poesía, resulta pesada para un fan de la prosa. Y cada vez dan menos y menos ganas de cogerlo, sobretodo cuando la acción se ralentiza para mostrar los banquetes y cantos que en ellos se dan (esto me suena...).

Se adaptó en película en 1959, en una superproducción soviético-finlandesa llamada Sampo. La tengo pendiente de ver.

martes, 9 de octubre de 2012

Libros, libritos y libracos: Escupiré sobre vuestra tumba, de Boris Vian



En 1946, el París de la Liberación quedó escandalizado por la publicación de la nueva obra de un autor norteamericano de novelas policíacas llamado Vernon Sullivan. Había llegado a Francia por medio del editor Jean D'Halluin. Se llamaba J'ai cracher sur vos tombres, y su contenido era tan fuerte que aún hoy día puede escandalizar a más de uno. La editorial fue multada, las Ligas de la Decencia se movieron en contra de su publicación... Ya podréis imaginar que fue un éxito, y la editorial publicó tres obras más de Sullivan, entre escándalos y ventas millonarias a nivel internacional. 

Fue entonces cuando la verdad salió la la luz. No había tal Vernon Sullivan. El autor real de los libros era un ingeniero (con alguna que otra patente en su haber), músico y crítico de jazz y traductor llamado Boris Vian, que se suponía que era tan solo el traductor de la obra (Vian ya había traducido a Raymond Chandler, por lo que gozaba de cierta fama en el sector editorial). No contento con la que había armado, envió una carta a un periódico diciendo que no sabía qué hacían los críticos calificando sus libros, que eran pura basura y que no merecían para nada el éxito que tenían. Y encima se autocalificó de obseso sexual.

Con el tiempo, la cosa se relajó mucho, y Vian pasó a ser considerado un grande de las letras francesas. Incluso, en 1959, se llevó su Escupiré sobre vuestra tumba a la gran pantalla. Y aquí debo parar.

Como seguidor y crítico asíduo de la base de datos de películas de terror, ci-fi, fantasía y suspense Abandomoviez, me propuse ver todas las pelis interesantes de dicha base de datos. Empecé por 1896 y en un año y un par de meses me he plantado en 1959, habiendo visto casi 500 pelis bajo el alias de "bigladiesman".

Como dentro de poco tengo que ver esta peli y la novela corría por casa, la he cogido esta mañana... Y la he acabado hace un rato. Creo recordar que no me metía un libro en un día desde que leí Jeruso quiere ser gente allá por 1994. Pero entre que es corto y apasionante me ha pasado volando.

Este libro es enfermizo. Es una novela negra y de suspense que se sale de los límites del género, y quizá por ello, por su extravagancia, aparece en una base de datos de cine fantástico. Porque, en 1946, ¿qué libro podía contener batallas racistas, vendettas, sexo a punta pala y hasta un punto nauseabundo (lolicon del bestia y necrofilia en 1946? Pues sí), gore a mansalva o lenguaje extremadamente soez? Pues este.

La trama retrata a Lee Anderson, un hombre negro de rasgos más bien caucásicos aficionado al blues y la literatura con un odio cerval a los blancos, que mataron a su hermano pequeño por salir con una chica blanca. Su otro hemano es un pacífico pastor protestante de rasgos completamente afros y profesor de escuela que no tiene nada contra nadie, en franco contraste con Lee, osado y rebelde.  A lo largo del libro, Lee se va destapando como un alcohólico obseso sexual que se folla a todo lo follable (pero sin pasarse de la raya como su amigo/rival Dexter, un blanco rico, violentamente pedófilo y extremadamente frío y calculador)... Pero todo responde a un plan: localizar a dos ricas herederas cuyo padre tiene una plantación de azúcar en Haití. Objetivo: venganza, y más adelante, quién sabe.

Vian lo explica todo con naturalidad. Vemos como poco a poco, y según se rebelan sus intenciones, Lee pasa de ser un héroe en lucha contra el racismo a un auténtico psicópata. Es la encarnación del antihéroe en todo su esplendor: la mayoría de los blancos que le reodean (y piensan que es uno de ellos) son un grupo de  pijos obsesionados con el sexo duro y la bebida fácil, mientras van a Dios rogando (literalmente) y con el mazo dando. Gentuza despereciable. Enseguida nos ponemos a favor de Lee. y al final del libro, aunque no nos gusten sus acciones, nos encontraremos que deseamos que su plan salga bien y les dé su merecido a todos esos WASP cabrones. Es un gran mérito de Vian: en esa época, era ya escandaloso que nos pusiéramos de parte de un psicópata, pero que encima lo decorara con una narración absolutamentepasada de vueltas y por momentos terrorífica. Siendo un escritor novel, comete alguna pequeña torpeza, pero es perdonable. Nos va desvelando la verdadera naturaleza de Lee muy lentamente, añadiendo datos bien a poco a poco, manteniéndonos ocupados preguntándonos quién es ese y por qué se rodea de hijos de perra como los que salen en el libro. Ni te das cuenta y has llegado a la mitad. Y sigues y sigues, con episodios cortos, acción acelerada y un erotismo "over the top".

Cuando en 1959 se estrenó la película, Vian no acudió al estreno y había pedido que su nombre se eliminara de los créditos. Había tenido roces con los productores, que obviamente querían suavizar mucho el argumento la novela (yo sería el primero en hacerlo). Acudió de incógnito a una sesión matinal. Mientras veía la película, se levantó de pronto de su butaca y gritó "¿Y se supone que estos tíos son americanos?¡Y una mierda!", tras lo cual sufrió un paro cardíaco súbito, desplomándose sobre su asiento tan pronto como acabó de decir "Mierda". Murió de camino al hospital. Es el primer tío que veo al mataron de un disgusto. Tenía 39 años. Con él se fue una de las plumas más polémicas, afiladas, enfermizas pero al mismo sensacionales que dio la cultura de masas en la Europa de mediados del S.XX.

lunes, 1 de octubre de 2012

Libros, libritos y libracos: La rata de acero inoxidable, de Harry Harrison



La muerte de Ray Bradbury ofuscó la de otro escritor de ci-fi sin tanto talento como él pero cuya importancia no debe negarse: La del también norteamericano Harry  Harrison en su domicilio de Brighton, en Inglaterra.

Sobre Harrison: ¿Os suena el Soylent Green? Pues no lo creó él, si bien la película de Charlton Heston se basó en su novela ¡Hagan sitio!¡Hagan sitio! , una distopia en clave de humor negro sobre un mundo ridículamente superpoblado de la que la película solo cogió la base argumental.

La palabra clave es "humor". Harry Harrison siempre miró al futuro con pesimismo pero con una sonrisa en la boca, como Kurt Vonnegut. A parte de ¡Hagan sitio!(...) sus grandes éxitos fueron dos sagas de aventuras humorísticas: la más sutil La rata de acero inoxidable (iniciada en 1961), una especie de parodia de las novelas de James Bond (y de las que dicen que se sacaron los elementos de humor negro y vacilón de las primeras películas de la serie. Las novelas eran muy serias) donde la aventura prima sobre el humor irónico y la de  Bill, el héroe galáctico (iniciada en 1965), donde el cachondeo es lo primero y la aventura viene después.

Una rata de acero inoxidable es como se llama en argot futuro a un ladrón. En un  mundo donde  la gente es condicionada para que se porte bien y sea honrada, los ladrones escasean, y aún menos los de guante blanco como James Bolívar DiGist, alias Escurridizo Jim, y la rata de acero inoxidable por excelencia, pues al igual que los roedors entraban por las vigas de madera de las casas para robar comida, los lafrones lo hacen por las vigas de acero inoxidable de los modernos edificios.

Jim es un hombre de unos treinta y tantos, astuto como un zorro y capaz de montar los golpes más absurdos con sus artes en el disfraz, su habilidad en la huida y si carácter excéntrico. Sin embargo, una vez falla y es atrapado por los Cuerpos Especiales, una organización policial intergaláctica (juro que no me inspiré en ella para prear el CEFPFIST de mi retelling de 007) formada casi en exclusiva por antiguos delincuentes y mandada por el otrora ídolo de DiGriz, Harold P. Inskipp, alias "Inskipp el inalcanzable".

Durante una de sus misiones, Jim persigue a un malvado ladrón, que no duda en matar... Que resulta ser una mujer bellísima llamada Angelina. La novela (o mejor dicho "compilación de relatos cortos reconvertidos a novela", y muy bien, por cierto. No se nota) es un constante intercambio de golpes estratégicos y físicos entre los dos. Un juego de la gata y la rata que NO da inicio a una saga de ingeniosas y humorísticas desventuras. pues hay tres precuelas a esta novela, que a su vez tiene 8 secuelas, publicadas entre 1962 y 2010.

La mejor manera de iniciarse en la saga es leer este libro, que es considerado como una de las obras capitales de la ci-fi de acción y aventuras. Su desarrollo me recuerda mucho más a Lupin III que a las novelas de Bond, y es que no me extrañaría que Monkey Punch fuera lector de esta serie (creó una anime relativamente reciente con un detective futurista con el mismo nombre del autor, que me recuerda mucho a esta novela). Es ideal para seguidores del clásico manga y anime. Si os gustaba mínimamente Lupin III, esto es como una versión un poco más hardcore en violencia, pero menos en sexo.

Dicho esto, repito que tenemos entre manos un libro con comicidad, pero si lo que queréis son carcajadas histérica, esperad a que haga la reseña de Bill, el héroe galáctico. Eso es puro desmadre. A veces Harrison se pasaba más que el mismo Terry Pratchett.

Muy difíciles de encontrar en papel, salvo en librerías de segunda mano (tengo la suerte de tener dos novelas en papel, que me costaron 2 € cada una en Gigamesh, de la versión de la vieja editorial Tridente que estaba aquí en l'Hospitalet), son fáciles de encontrar en e-book, tanto en castellano como en inglés). Si queréis datos sobre el tema e-book y os interesa, preguntad en comentarios.

NOTA: En castellano, esta novela es también conocida como Estafador interestelar .